Estudio: Los Fariseos

En más de 90 versículos de los evangelios, los fariseos aparecen constantemente en escena: discutiendo con Jesús, cuestionando sus milagros, buscando cómo atraparlo en sus palabras. Son personajes que, aunque religiosos, fueron duramente confrontados por nuestro Señor. Pero… ¿por qué tanta insistencia del Señor en advertirnos sobre ellos?

En este primer mensaje de la serie “Los Fariseos”, abrimos Mateo capítulo 3, donde Juan el Bautista los llama sin rodeos: “¡Generación de víboras!” (Mateo 3:7). ¿Fue solo para ellos esa advertencia? ¿O también es para nosotros hoy?

¿Quiénes fueron los fariseos?

Eran líderes religiosos, enseñadores de la ley, hombres instruidos que debían guiar al pueblo en las cosas de Dios. Se les conocía como “guías de ciegos” y ocupaban un lugar importante en las sinagogas.

Externamente, eran rectos y disciplinados. Pero en lo profundo, sus corazones estaban lejos del Señor. Jesús no cuestionó su conocimiento, sino su hipocresía, orgullo, avaricia y falta de misericordia.

¿Por qué el Señor habló tanto de ellos?

Porque el riesgo de ser como ellos no terminó en el primer siglo. Jesús dijo a sus discípulos:

“Guardaos de la levadura de los fariseos” (Mateo 16:6)

El problema no era solo lo que enseñaban, sino la forma en que vivían su fe: para ser vistos, para ser admirados, para ocupar los primeros lugares. Su religiosidad era una máscara.

Y esa levadura —como toda levadura— puede fermentarse también en nuestros corazones, especialmente en lo que hacemos dentro de la congregación, donde es fácil aparentar, pero difícil ser.

¿Cuáles eran sus características?

En esta enseñanza, se identificaron al menos nueve rasgos de los fariseos, todos peligrosos para nuestra vida espiritual:

  1. Rechazaron a los profetas y al mismo Cristo.
  2. Eran ciegos espirituales, aunque conocían la ley.
  3. Vivían una religión de apariencias.
  4. Sustituyeron la Palabra por tradiciones humanas.
  5. Hipócritas (la palabra más fuerte que Jesús usó para describirlos).
  6. Avaros.
  7. Altivos, soberbios, enaltecidos.
  8. Sin misericordia hacia el prójimo.
  9. Murmuradores.

Jesús les dijo:

“No sólo no entráis en el Reino, sino que impedís que otros entren” (Mateo 23:13)

Esto nos muestra cuán destructiva puede ser una vida religiosa que no refleja a Cristo.

Un llamado al examen personal

La frase que resonó al final del mensaje fue:

“Todos llevamos un fariseo dentro.”

Esa naturaleza caída aún intenta vivir una vida de apariencias. Pero el Señor no quiere rituales vacíos, sino corazones sinceros. Nos llama a:

  • Amar en verdad, no solo de palabra.
  • Servir en lo oculto, no para ser vistos.
  • Orar en secreto, no para el aplauso.
  • Ayunar con humildad, no con rostro demudado.
  • Mostrar compasión, no juicio.
  • Vivir conforme a su Palabra, no a costumbres humanas.

Este estudio es una invitación a examinar nuestra fe hoy. Es posible tener doctrina sana, y aún así tener un corazón endurecido como el de los fariseos. Pero el Señor, en su gracia, nos advierte con amor.

📖 Sigue atento a los próximos estudios de esta serie. Que el Señor use su Palabra para santificarnos y transformarnos a la imagen de Cristo.

¿Llevamos un fariseo dentro?

Una advertencia bíblica que sigue vigente

Por: Asamblea Cristiana Quinta Normal
Extraido del Estudio: Los Fariseos – Primera Parte
Expositor: Mauricio Espinoza – VER ESTUDIO EN YOUTUBE

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